-Luis Hormiga,
conocido por "Suspi", es presidente
de la nueva Federación Tinerfeña de
Murgas, avalado por 31 años en el
género crítico. ¿Por qué lo
"bautizaron" como "Suspi"?
-Fue en Bambones,
en una noche de fiesta, cuando llamé
"Suspi" a otro compañero al que
conocíamos como "Espíritu". Fue la
risa de la noche y fui yo quien me
quedé "Suspi".
-¿Cuándo
comenzó en murgas?
-Siempre he estado
en murgas laguneras y nunca he
militado en formaciones infantiles.
Mi primera salida fue en 1978, con
los Zipi-Zapes, vendiendo libretos.
De ahí fue al Desbarajuste, y fundé
junto con Juan Cruz Ormazábal el
Desbarajustito. Al romperse el
Desbarajuste, hay una fusión con
Piltrafas y saco el Desbarajustón,
con mi padre como director. Haciendo
el cuartel conozco a Paco Padilla y
entro en Bambones, donde llevo 24
ediciones; me incorporé el año del
Gallo, dos años después de su
fundación.
-¿Qué significa
ser murguero?
-Desde 12 años soy
murguero. Para mí, el Carnaval no
tiene otro significado sino las
murgas.
-¿Qué ha
cambiado para que las murgas
heredaran el apogeo de las
rondallas?
-Las murgas hemos
innovado. Recuerdo las actuaciones
de Chichiriviches, con su show.
Después llamaron muchísimo la
atención las voces de Singuangos
cuando todas las murgas cantábamos a
una voz, hasta que los imitamos.
Muchos estaban en contra y a otros
nos gustaba, pero se siguió ese
formato. Hoy, si no cantas a voces,
no sirves. Ha habido cambios que han
gustado al público y ha permitido
que la gente llene el recinto. En la
década de los ochenta, no había otra
cosa sino las rondallas y más tarde
las comparsas. Las murgas parecía
que estaban formada por aquellos que
éramos un poquito más golfillos (se
ríe). Ha cambiado todo. Ser murguero
es un prestigio para la gente del
Carnaval.
-¿Qué ha
cambiado para que las murgas hayan
decidido crear una federación?
-Todo fue porque
este año la organización nos quiso
imponer unas normas y no lo vimos
justo. Entonces, un compañero de una
murga, que no está federada, dijo
que eso nos pasaba por no estar
unidos. Y decidimos hacer la
federación, aunque nos falta todavía
la incorporación de las del Norte y
de Santa Cruz que no se han sumado
aún. El proyecto va caminando y hay
mucha ilusión.
-¿La federación
seguirá los mismos pasos de la
reforma Mengíbar?
-No. En la reforma
participaron los directores de las
murgas y su objetivo era para hacer
un cambio, con un proyecto diferente
al de la federación, que tiene una
vocación más cultural, encaminada a
organizar exposiciones, libros...
aparte de defender los derechos del
formato de murgas.
-¿Ha tenido
apoyo de la organización?
-De entrada no
sabían si éramos la parte opuesta a
la comisión o quién tenía la razón.
Ahora, la comisión nos mantiene
informados, hay diálogo y creo que
tenemos un gran futuro.
-¿Gracias a la
federación va a salir adelante el
concurso de murgas del Día de
Canarias?
-No. Fue el
empresario quien se reunió con la
federación para informarnos de su
iniciativa y preguntarnos qué nos
parecía. A nosotros nos parece muy
bien hacer un concierto en mayo. Y
hablo de concierto, aunque el
promotor quiera dar un premio. La
idea de sacar una letra nueva nos
pareció un poco fuerte y repetir una
canción del concurso, también. En
una búsqueda de ideas, planteamos
interpretar la mejor canción de los
diez últimos años. Pero todo esto se
va a definir cuando se celebre la
final de murgas y se sepan quiénes
van a participar en el acto de mayo.
-¿Estar o no en
la federación condicionará la
concesión de los premios de la
final?
-Quiero pensar que
no y que todo es legal, si no no
valen de nada los 31 que llevo en
murgas.
-El concierto
de mayo, como lo define, ¿resta
protagonismo al encuentro de
Candelaria?
-No. Cada cosa
tiene su encanto. La cita de
Candelaria es diferente. Sin las
tres ganadores de Tenerife y Las
Palmas y es un encuentro que
organiza el ayuntamiento. También en
su día quería hacer un concurso y
dijimos que no.
-¿Y si
Candelaria quisiera un concurso?
-No, es diferente.
La gente espera que llegue el
festival de Candelaria para ver a
las murgas de las dos Islas.