-José Antonio
González entró en murgas en el otoño
de 1981, cuando pasaron por su casa
un grupo de amigos liderado por
Zenaido Hernández. Como venían de
rondallas y tocaba la guitarra, le
propusieron que fuera el director.
Nació así uno de los responsables
más carismáticos del Carnaval: el
director de Singuangos, José Antonio
González, "el Flaco". ¿Por qué salir
en una murga y no en una rondalla?
-Los ensayos de
las rondallas eran ya para mí algo
aburrido y muy estrictos. No me
sentía entonces muy feliz por la
disciplina que impone la propia
música. Necesitaba cambiar de aires.
-¿Cómo
definiría a Singuangos?
-Innovación,
sorpresa, agresividad, valentía, y
mucha personalidad.
-¿Singuangos ya
cerró su ciclo y no volverán jamás
al Carnaval?
-No se puede decir
que Singuangos no volverán jamás ni
todo lo contrario. En principio, no
va a suceder el retorno, pero...
nunca se sabe.
-¿En qué se
parecen los Singuangos a las murgas
de hoy?
-Se parece poco a
las murgas actuales. La final de
murgas se ha convertido en una
fiesta, con mucha espectacularidad,
donde intervienen decididamente los
pasacalles y despedidas. Singuangos
iba más por reforzar las letras,
aunque tuvimos que adaptarnos un
poquito. Lo nuestro eran las puestas
en escena, que eran originales,
aunque sin la espectacularidad del
pasacalles.
-¿La crítica de
Singuangos se puede adaptar a otras
murgas?
-Sí, por qué no.
Sólo hay que poner un poco de ganas
de hacerlo. Las piezas fundamentales
en este aspecto son los letristas.
Ahora puede existir esa línea
Singuangos, pero quizás no tienen
esa pegada ni esa llegada de
Singuangos, pero se puede adaptar en
cualquier murga que tenga los
mimbres que tenía Singuangos.
-¿Por qué
colabora con La Traviata y no con
Los Que Son Son?
-(Se ríe). La
Traviata se dirigió a mí cuando
estaba totalmente libre de
compromisos porque ya Singuangos no
estaba y no vi ningún problema en
aceptar la propuesta. Por entonces
Los Que Son Son no existían, con lo
cual no cabe comparación. Los Que
Son Son tienen un ramalazo de
Singuangos por contar con
componentes antiguos de Singuangos.
-¿Se siente
responsable de que no salgan ya
Singuangos?
-Responsable en el
sentido negativo, en absoluto. En lo
que se refiere a que yo era el que
hacía las letras, hacía el montaje
musical y dirigía, por supuesto que
tenía una parte importantísima en
que Singuangos siguiera. Esa
responsabilidad la tuve y la asumí
al decidir que, en lo que respecta a
mí, me apetecía buscar otros caminos
porque en Singuangos estaba ya todo
hecho y simplemente se trataba de
rodar por el mismo camino. Era muy
difícil innovar o entrar a la nueva
etapa por la que pasaban las otras
murgas y que no se veía desde
Singuangos. Con un primer premio de
Interpretación era el momento de
marcharse.
-¿Singuangos
padeció persecusiones políticas por
las letras que cantaron?
-Sí, pero era otra
época. La dictadura aún estaba
cercana. Quizás no se estaba
acostumbrado al tipo de letras de
Singuangos y fue lo que nos marcó
políticamente en la década de los
años ochenta y principio de los
noventa. Ya la cuerda se fue
aflojando poco a poco...
-Entonces, ¿ya
no recibe presiones?
-No, depende de
qué murga. Puede existir la presión,
pero no en la cantidad y calidad de
antes.
-¿Qué piensa
cuando se dice que las fases son
para escuchar y la final, una
fiesta?
-Así se lo toma
tanto el público, el jurado como las
mismas murgas.
-¿Cuál es su
final ideal: 7, 9 o chicas fuera?
-(Se ríe). Con
Singuangos mantuve que la final
había que reducirla lo más posible.
Vista de la óptica de Singuangos,
nos podían recriminar que
manteníamos esa postura porque creen
que teníamos garantizado. He
apostado por mejorar la calidad del
concurso. Siempre defendí una final
con calidad y corta; en todo caso,
si las murgas preferían el mayor
número de grupos, que se redujera el
tiempo máximo de duración en el
escenario. Es ir directamente a la
yugular, que es el eterno problema.
Eso es cuando estaba en Singuangos,
ahora los puntos de vista cambian.