Casi
dos décadas han pasado de cuando Maxi Carvajal
intentaba esconderse en el cuello de su camisa
entre una veintena escasa de componentes que,
con una sonrisa obligada, parecían satisfechos
de la labor de su director y "alma máter", Tom
Carby. El mayor mérito de Diablos era ser murga
"trónica".Anoche, ya
sea por el ansiado reencuentro con los locales
de ensayo tras un año sabático o porque Diablos
demostraron que "están que se salen", hay que
dar gracias a Tom Carby porque las críticas no
lograron menguar el entusiasmo de quienes no se
caracterizaban precisamente ni por la dicción ni
por las calidades de sus letras o musica.
Anoche, "La Hartanga" y "La
Casa del Terror" fueron dos joyas que dejan a
las claras que, o Diablos echó al presidente
Rivero y a su comitiva lo mejor de su repertorio
o hay que desear que pase rápido el calendario
para escucharlos en la tercera fase del concurso
que se desarrollará en el recinto ferial el
miércoles 11 de febrero y, si lo hacen la cuarta
parte de bien de lo que lo hicieron anoche,
estén en la final del viernes 13.
Diablos ofrecieron el mejor
brindis al entregar a sus visitantes veinte
minutos que resumen semanas y meses de ensayos.
Antes, la comitiva -que
pareció haber heredado los retrasos de Adán
Martín- comenzó su periplo por una Ni Fú-Ni Fá
que puede presumir de tener buenas letras que
recuerdan su mejor doble sentido: "El móvil",
"Menuda familia", "El amor es una ciencia", la
exquisita "Banderita" o el rajazo a López
Aguilar, en "Fue peor el remedio". Luego pasaron
a Sabor Isleño, agrupación musical que resucita
a Juanjo Monzón como compositor en su canción
dedicada al Patrimonio -a ver si le espera mejor
resultado que al "Diario del emigrante"-.
Siguieron Diablos y terminaron en Triqui-Traques,
disfrazados de murga seria y ajena a su humor
cacofónico. Buenas voces en un tema a la medida
de una fase.